viernes, 25 de junio de 2010

NOCHES BLANCAS DE AMOR

DEL AUTOR AL LECTOR

Comencé a escribir esta historia, un día de aquellos en que el alma se exprime de dolor.
¿Dónde se percibe el dolor?¿En qué parte del cuerpo?.
Lloré, sí lloré, hasta enjugar mis lágrimas sedientas de amor. Fue una noche de luna, una “Noche Blanca”.
Dicen que hay males menores que se sufren por un bien superior. Mi deseo más ferviente en ese momento era amar, una esperanza pues sonrió a mi corazón, recordé entonces una frase bella que tañó en mis oídos: “Cuando el cielo esté gris, acuérdate cuando lo viste profundamente azul”. Eso no me libró del dolor, simplemente lo alivió mansamente, día a día hasta olvidar su existir.
Más adelante recordé esos momentos y comencé a diagramar esta historia. Su poema final es mitad deseo, mitad ilusión.
Emprendí este viaje hacia algún corazón que se encontrara recostado como el mío en algún dolor, para darle esperanza, para decirle que en la vida hay nuevas oportunidades y que detrás de cada “cielo gris” se esconde el sol.
Escribí entonces sin pensar, sólo sintiendo los latidos de mi corazón.
Un día la vida me miró de costado invitándome a vivirla. Elegí quedarme para jugar a ser el intruso que pasa por surcos desesperados faltos de humanidad.
Así, casi sin darme cuenta, al caer la noche la marea subió. Al retirarse se inundó de presencias, de regalos inefables que quedaron dormidos en mi playa. Decidí tomarlos para que en la humilde desesperación pudiera abrirme paso y cerrar el baúl de los recuerdos anclados en mi mente.
Llovió, sí llovió previo a la última marea. Llovieron mis ojos cargados de dolor y de ternura, eran las últimas gotas de un invierno frío sobre mi rostro.
Resolví dejar respirar mis pupilas, anclarme a la hora del ensueño ante alguna mirada necesitada de palabras de amor.
Aquí están, ellas corren ante la mirada eterna de Dios, que espera latidos despiertos a cualquier nota de amor para hacer eco en sus dulces oídos.

Estás ahí mujer, quién sabe dónde, pero estás. Mi timidez no permite a mis labios acercarse a tus sentidos, a tus ojos cerrados en el sueño de la noche, no como esas grises y tristes de dolor, sí como las que retengo en mis pupilas...

“Noches Blancas de Amor”